La conexión intestino-cerebro: un componente crítico de la salud intestinal

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Aunque una dieta equilibrada sigue siendo la piedra angular para promover la correcta función digestiva, la comprensión actual del eje intestino-cerebro destaca el importante papel que juegan el sueño, el ejercicio, el estrés y otros factores psicológicos en el mantenimiento de la homeostasis gastrointestinal (GI).

Eje intestine-cerebro

El sistema nervioso central (SNC) y el sistema nervioso entérico (SNE) forman el eje intestino-cerebro. La comunicación entre el intestino y el SNC es bidireccional a través de vías neurales, endocrinas y neuroinmunes. El nervio vago, que va desde el cerebro hasta el intestino grueso, facilita esta comunicación bidireccional entre el SNC y el SNE. Además, el eje hipotálamo-pituitario-suprarrenal (HPA), que parte del SNC, coordina nuestras respuestas frente al estrés [1]. El eje intestino-cerebro se encarga de regular el apetito, la digestión y las experiencias sensoriales relacionadas con la digestión. Las señales enviadas desde la microbiota intestinal al cerebro pueden alterar la función inmunológica, la motilidad intestinal, la circulación microvascular, el suministro de nutrientes y la secreción de enzimas digestivas [2].

Cualquier alteración del eje intestino-cerebro, como la disbiosis o el estrés, deterioran la función del sistema nervioso e influyen en los cambios en el estado de ánimo, el estrés, la ansiedad y la producción de neurotransmisores. Cuando el SNE se encuentra demasiado active, el cuerpo se encuentra excesivamente sensible a los procesos digestivos, puediendo activar parte del mecanismo subaycente al síndrome del intestine irritable (SII) [1]. Por ejemplo, el comportamiento y los pensamientos, que emanan del SNC, pueden influir en los cambios en la motilidad y la percepción de las sensaciones digestivas. Por otro lado, la microbiota intestinal también influye en los niveles de neurotransmisores, muchos de los cuales se producen en el tracto digestivo, lo que a su vez afecta el bienestar psicológico [3]. En resumen, el inicio y la gravedad de los síntomas presents en el SII se podrían atribuir a cambios en las respuestas reflejas y percibidas del sistema nervioso a partir de la alteración estructural y funcional del eje intestino-cerebro.

Estrés, hormonas y digestión

El estrés contribuye en la patogenia del SII, así como a la gravedad de los síntomas a través del eje intestino-cerebro. El eje HPA, activado a través del estrés ambiental y sistémico, secreta el factor liberador de corticotropina (CRF), que a su vez estimula la liberación de la hormona adrenocorticotrópica (ACTH). La ACTH conduce a la liberación de cortisol, una de las principales hormonas del estrés que actúa sobre el cerebro, los huesos, los músculos, la grasa corporal y otros órganos. El cortisol, junto con la adrenalina (hormona del estrés), activa el sistema nervioso simpático (SNS) y prepara el cuerpo para hacer frente a las amenazas [4]. El cuerpo , independientemente del tipo de estrés, responde siempre con la misma respuesta, y solo cuando se reduce la amenaza, se reducen los niveles de hormonales del estrés.

Sin embargo, el estrés crónico conduce a niveles crónicos elevados de cortisol y adrenalina, lo que tiene consecuencias drásticas en la función digestiva. El cortisol y la adrenalina elevados inhiben la digestión, lo que reduce la producción y liberación de ácido estomacal y enzimas digestivas. La comida, a su vez, pasa a través del tracto digestivo sin digerir, causando síntomas GI y alimentando bacterias patógenas. Además, el cortisol suprime el sistema inmunológico y expone el tejido linfoide asociado al intestino (GALT). Esto hace que el cuerpo sea más vulnerable al sobrecrecimiento bacteriano y la translocación, la disbiosis, la inflamación crónica y la permeabilidad intestinal resultante. Con el estrés, la capacidad de curación también se ve afectada, lo que reduce la tasa de crecimiento y reparación de las células epiteliales intestinales. La alteración de la renovación de estas células también contribuye a la permeabilidad intestinal, lo que hace que el tracto gastrointestinal sea aún más vulnerable a los patógenos [5].

El estrés también influye en la homeostasis GI y la función digestiva a través del nervio vago. Los cambios en la motilidad intestinal, la hipersensibilidad visceral, la inhibición del complejo motor migratorio (MMC), y las ondas de limpieza naturales del tracto digestivo, son el resultado del estrés. Los pacientes con hipersensibilidad visceral se vuelven especialmente sensibles a las sensaciones digestivas, lo que en sí mismo puede contribuir a aumentar el estrés y la ansiedad [6]. También hay que tener en cuenta que, las bacterias intestinales también influyen en el estado de ánimo y la ansiedad, en parte, al afectar la actividad del nervio vago [2,7]. Por otro lado, el Sistema Nervioso Parasimpático (PSNS) es responsable de la producción y secreción de saliva, ácido estomacal, enzimas y bilis, la absorción de nutrientes, la motilidad intestinal y las ondas de limpieza del MMC. La activación del PSNS, responsable de activar el modo de "descanso y digestión" del cuerpo, promueve la estimulación del nervio vago y una digestión adecuada, y esta estimulación tiene un efecto terapéutico al promover la relajación, reducir la inflamación y aumentar la motilidad, la secreción y el flujo sanguíneo al tracto GI [2].

Manejo del estrés en el SII

La reducción del estrés puede reducir el riesgo de aparición del SII y mejorar los síntomas relacionados con la disbiosis, el metabolismo alterado y la permeabilidad intestinal. Las guías clínicas recomiendan una variedad de intervenciones terapéuticas para pacientes con SII con el fin de manejar el estrés y las respuestas inducidas por este. Una gran cantidad de investigaciones respaldan la Terapia Cognitiva Conductual (TCC), así como la hipnoterapia dirigida al intestino, para enfocarse en los factores cognitivos que influyen en los síntomas [8,9,10]. Estos incluyen cómo se percibe, interpreta y regula la entrada del intestino, como el miedo a los síntomas, el dolor, el sesgo de atención, la sensibilidad visceral yla somatización [11]. La TCC también puede ayudar a los pacientes a superar el trauma y los factores estresantes del pasado, ya que se conoce que aumentan el riesgo de SII [12].

Los cambios en el estilo de vida, como la meditación, el yoga o el tai chi, el ejercicio, el aire fresco y la participación en actividades de ocio, también pueden ayudar a estimular el nervio vago y activar el PSNS [13,14]. Pequeños cambios diarios para controlar el estrés, como breves caminatas durante los descansos en el trabajo o usar la configuración de "no molestar" del teléfono algunas horas al día, pueden marcar la diferencia en la reducción del estrés. La alimentación consciente también ayuda a promover la activación de PSNS y una digestión óptima. Antes de comenzar una comida, recomiende que los pacientes se sienten, hagan una pausa y respiren profundamente. Hayq eu evitar comer comidas mientras se está de pie o en movimiento, como caminando oconduciendo, o mientras se está distraido con el teléfono, la televisión o la música. En cada comida, hay que ayudar a los pacientes a adquirir el hábito de masticar bien los alimentos, haciendo pausas entre bocados y prestando atención al placer y la experiencia sensorial de comer. Si bien la investigación es limitada, algunos sugieren que las duchas frías, el canto y los masajes ligeros también pueden estimular el nervio vago.

Dieta y suplementos para el control de síntomas

Limitar el alcohol, la cafeína, el azúcar y los alimentos procesados ayuda a estabilizar los niveles de energía, promover un buen sueño y controlar el estrés general. Siempre hay que alentar a los pacientes a priorizar los alimentos integrales, los carbohidratos complejos, las frutas y las verduras, y comer muchas grasas saludables y proteínas magras. Para algunos pacientes, los suplementos también pueden desempeñar un papel en el control de los síntomas y el manejo del estrés.

Existe evidencia que respalda el uso de aceite de menta con cubierta entérica para el SII. El aceite de menta actúa como antiespasmódico y ejerce efectos sobre los canales de calcio del músculo liso y los receptores opioides. Esto contribuye a la relajación del músculo liso a lo largo del tracto digestivo, la motilidad normalizada y los cambios en la sensibilidad al dolor [15]. El aceite de menta disminuye el dolor, la urgencia, los calambres y la hinchazón relacionados con los espasmos del SII, aunque algunos pacientes también informan un aumento del reflujo ácido o acidez estomacal [16]. Generalmente, 200 mg de aceite de menta con cubierta entérica (no aceite esencial) antes de cada comida es una dosis efectiva para aliviar el dolor abdominal. La simeticona masticable también se puede combinar con aceite de menta para reducir aún más los gases y la hinchazón.

Aunque la investigación es limitada, hay algunas indicaciones preliminares que indicant que el uso selectivo de algunos suplementos también puede brindar apoyo contra la ansiedad. El magnesio es un mineral y un electrolito esencial que desempeña un papel en la función nerviosa y muscular, así como en muchas otras funciones corporales. La cantidad diaria recomendada para adultos sanos es de 310-420 mg/d, aunque muchos adultos no satisfacen estas necesidades a través de la dieta y el magnesio no siempre se incluye en las fórmulas multivitamínicas [17]. La suplementación con magnesio, que es segura hasta 1000 mg/día, puediendo aportar un efecto protector contra la ansiedad [18,19]. Por otro lado, el glicinato de magnesio se absorbe mucho y tiene pocos efectos secundarios gastrointestinales, mientras que el citrato puede ayudar a tratar el estreñimiento debido a su efecto laxante osmótico. Además, aunque la investigación es muy limitada, también se ha demostrado que 1-2 g/d de flor de casquete ayuda a controlar el estrés y la ansiedad, mientras que la pasiflora puede proporcionar beneficios antiespasmódicos cuando se usa de forma intermitente en las personas con calambres [20,21]. También se sabe que la albahaca sagrada tiene propiedades adaptogénicas, antimicrobianas, antiinflamatorias e inmunomoduladoras, que pueden ayudar a controlar la ansiedad, el estrés y su impacto. Por lo general, se usan ciento cincuenta mg de albahaca sagrada dos veces al día, aunque las dosis de hasta 1000 mg/día se consideran seguras y tolerables [22]. Por último, el aceite de lavanda también puede tener efectos ansiolíticos cuando se usa de manera constante, ya sea como aceite esencial o cuando se toma como suplemento en una dosis de 80 mg/día [23,24,25]. Siempre que se recomienden suplementos hay que considerar las posibles interacciones adversas con otros medicamentos, suplementos o alimentos que puedan presenter cada paciente.

Se sabe que el estrés psicológico es tanto un desencadenante como una ocnsecuencia del SII, presentando una influencia bidireccional en el eje intestino-cerebro. Un enfoque en la reducción y el manejo del estrés para las personas con SII puede mejorar la disbiosis, apoyar el metabolismo y la absorción de los alimentos al aumentar las secreciones de enzimas digestivas, reducir la permeabilidad intestinal y promover la motilidad normalizada. Los factores del estilo de vida, como llevar una dieta equilibrada, realizar ejercicio regular, tener un sueño reparador y practicar de relajación, junto con el manejo del estrés, brindan un apoyo fundamental para promover una función digestiva óptima.

Referencias

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